miércoles, 15 de enero de 2014

DESCANSE EN PAZ MARCOS "CAPITAN" RODRÍGUEZ RIVAS



Con profunda pena comunicamos a los familiares y amigos de las familias Rodríguez Rivas y Rodríguez López de Rinconada, Ver., que en la mañana del día de hoy miércoles 15 de enero del año 2014 falleció el amigo y compañero Marcos Rodríguez Rivas mejor conocido por sus amigos y vecinos como “Capitán” o “El Capi”; a la edad de 55 años. El duelo se recibe en su domicilio particular ubicado en la calle Revolución s/n de la Colonia Los Húngaros de esta comunidad. el dia jueves 16 de enero habra una misa de cuerpo presente en la parroquia de Santa María de Guadalupe a las 9:00 horas y posteriormente sera sepultado en el Panteón Ejidal "Martín León Rodríguez"
Desde este espacio la familia Pérez Rodríguez envía su mas sentido pésame a su madre, hermanos, esposa, hijos, nieta y demás familiares; a la vez que rogamos a Dios por el eterno descanso de su alma.


jueves, 12 de diciembre de 2013

AVISO


Aprovechando el periodo vacacional de fin de año nos vemos en la necesidad de cerrar por unos días nuestro blog temático: http://rinconadaver.blogspot.mx/ con la finalidad de hacerle algunos ajustes de configuración para poder seguir ofreciendo la mejor información que hay en la web sobre nuestra población.
Rogamos a nuestros visitantes una disculpa, pero nos vemos en la necesidad de actualizar y transformar algunos contenidos de nuestro espacio: http://rinconadaver.blogspot.mx/.
Tengan la seguridad de que tan pronto tengamos una total reconfiguración saldremos a la luz pública para seguir siendo los numero uno en información sobre los acontecimientos que suceden día a día en Rinconada.
Cabe aclarar que solo aparecerán algunos temas que por su trascendencia y carácter informativo son de interés general para nuestros lectores y amigos.
Queremos aprovechar la oportunidad para desear, a usted y a su apreciable familia; una feliz navidad y un prospero año nuevo 2014.
Gracias por su comprensión.
NOTA:
Para cualquier informacion, duda, reclamacion, citatorio o como dijo "Yayo Cuyucuenda" nos puede encontrar en: https://www.facebook.com/rinconada.e.zapata o en el email: hjuntadem@gmail.com

martes, 19 de noviembre de 2013

LEYENDAS DE RINCONADA

El hombrecito de negro
Cuando el Ferrocarril Central Interoceánico corría de Veracruz a México, a su paso por Rinconada se hacía un gran barullo, en esos años había diferentes corridas de trenes; aparte de los convoyes de carga había trenes de pasajeros; por la mañana pasaba el diurno, en el día pasaba el mixto que era una especie de tren de carga y pasajeros a la vez y por la noche circulaba el nocturno.
La estación “Los Ídolos” se veía abarrotada de pasajeros y de vendedores, mucho movimiento generaba el ferrocarril Interoceánico, los pasajeros se apiñaban a los lados de la via esperando que el tren se detuviera para poder subir a los carros de primera y de segunda clase, en ocasiones había un pulman que era un carro de lujo con camarotes.
Las corridas eran exactas, solo que hubiera un accidente el tren no pasaba a tiempo, el diurno a las 9 de la mañana y el nocturno a las 9 de la noche, solo el mixto pasaba cuando Dios quería.
En ocasiones el mal tiempo acompañaba a los viajeros y al bajarse del tren buscaban refugio en las casas y tiendas que se encontraban a un lado de la estación, casas con grandes corredores y espacios donde podían poner sus objetos personales y carga que llevaban consigo.
Una de esas noches oscuras con una tormenta que traía agua y vientos fuera de lo normal se apersono un hombrecito vestido de negro, sombrero, traje y zapatos de color oscuro hacían que solo se distinguirá cuando algún relámpago partía el cielo en mil astillas como si fuera de cristal. El hombre caminaba lentamente pues de sus brazos colgaban dos latas que, por el esfuerzo que hacia el hombre pequeño, denotaba el peso mayúsculo de su contenido.
El hombre de negro buscaba un refugio y como todos los corredores estaban llenos de viajeros y vendedores, se aventuró a un lugar más alejado de la estación del tren, fue así como llego hasta la vieja casona de paredes de mampostería y techo de madera y teja de la señorita Marina Palmeros, esta construcción se encontraba justo enfrente de lo que ahora es la cancha del parque “juan de la Luz Enríquez”.
Doña Marina era una señorita que rebasaba la mediana edad, guapa, alta y una abundante cabellera de pelo ensortijado; con un porte que distingue a la mujer jarocha. Dedicada a los quehaceres del hogar y a una vida consagrada al servicio de la iglesia del pueblo, como llevaba una vida recatada y domestica las familias veían con buenos ojos que las muchachas pueblerinas de la época visitaran ese hogar lleno de misticismo y contemplación.
El hombre de negro toco a la puerta de la casa de Doña Marina y esta salió a su encuentro, después de los saludos de rigor el hombrecillo le pidió a la distinguida dama que tuviera a bien guardarle las dos latas que cargaba con gran esfuerzo. Como no había ningún problema la señora de la casa acepto tener a buen recaudo los botes que el señor dejaba bajo su custodia no sin antes dejar por asentado que en unos días pasaría por esa carga que ahora lo había extenuado.
El hombrecillo de negro se marchó en la oscuridad y solo entre los relámpagos se veía su tenue imagen que se alejaba, iluminada por las descargas eléctricas generadas en el firmamento.
Paso una semana, paso un mes, paso un año y paso una eternidad; Doña Marina seguía cuidando las dos latas de manteca arrinconadas detrás de la puerta esperando que del tren nocturno bajara el hombre pequeñito vestido de frac negro y se dirigiera a recoger su encargo. Esto no sucedía y como es normal y lógico la gente que visitaba a la señorita Palmeros preguntaba que contenían esas dos latas que se ocupaban para envasar la manteca de cerdo, Doña Marina no sabía que responder pues ella tampoco tenía idea del contenido de dichos envases metálicos pero como siempre sucede en este tipo de historias no falto una muchacha más perrona que convenció a la guardiana del encargo de abrir las dos latas y ver el contenido que había en ellas.
Armadas con un machete viejo y un martillo se dispusieron a darle de golpes a los recipientes y después de grandes esfuerzos la tapa cedió y quedo a la vista el contenido de las latas de manteca; estaban llenas de monedas de oro; monedas grandes, medianas y chicas pero todas de oro y que a la luz de la luna brillaban con la alegría de saberse libres de la oscuridad que los acompaño durante mucho tiempo.
Una vez saciada su curiosidad, Doña Marina volvió a tapar las latas y recomendó a la muchacha que la acompaño en la aventura de guardar el secreto del contenido de las mismas. Pero la señorita Palmeros, conociendo la inquina y odio que genera este tipo de situaciones, decidió, cambiar el contenido de las latas por piedras y enterrar el oro en la parte trasera de su gran casa sin que hubiera testigo alguno de la ubicación del tesoro.
Cabe señalar que el hombrecillo de negro que bajo del tren nocturno nunca regreso por su preciada carga, desapareció del pueblo como la tormenta que azoto aquella noche en que dejo las dos latas de manteca llenas de oro en la casa de la señorita Marina Palmeros.


¡Todo o nada!
Los terrenos cercanos a la población de Rinconada estaban habitados de gran cantidad de animales de monte que los pobladores aprovechaban para llevar el sustento diario a su familia, muchos hombres salían por la tarde para probar suerte como cazadores de especies pequeñas que ahora están en peligro de extinción; venados, conejos, ardillas, mapaches, perros de agua y muchas otras especies de animales que cocinados por las manos expertas de las mujeres de esta tierra se convertían en exquisitos manjares para los miembros de una familia de la época, por lo general, muy numerosa.
Pero de todos los animales de monte, había uno que era muy asediado por los días de Todos Santos; el armadillo, que era preparado en tamales, barbacoa o adobo, por eso los jefes de familia de la población salían entrando la noche para ver si tenían suerte en la casa de un toche, sobre todo enfilaban sus pasos hacia el camino antiguo que llevaba al Ranchito de Amelco y que ahora conocemos como la bajada del arroyo, este lugar era propicio para que los armadillos hicieran sus madrigueras, la vegetación y el abundante caudal de agua del riachuelo de La Virgen hacían que los toches se reprodujeran y vivieran.
Don Nemesio era uno de esos cazadores que necesitaban llevar algo a la mesa para esperar a los fieles difuntos; por lo que una noche salió de su casa armado solo con su machete y un lazo que serviría para atar el animal si tenía suerte de encontrarlo.
Bajo por el pedregoso camino de herradura y se dirigió hacia lo más espeso del bosquecillo que abarrota la vertiente del afluente del rio Huitzilapan. De pronto, justo enfrente de él cruzo un armadillo de aquellos que ya no crecen y se esfumo en la espesura de la vegetación, Don Nene fue detrás del animalejo y solo alcanzo a verlo cuando se escabullía en la entrada de una cueva que le servía de madriguera.
Con la ayuda de su machete escarbo alrededor de la covacha y utilizando las manos como herramientas retiraba la tierra, pronto hizo un agujero suficiente para poder deslizarse; profundo e inclinado que la misma madriguera del toche y justo cuando pensaba que se había topado con el nido donde el animal se encontraba; gran sorpresa se llevó pues en el lugar había dos recipientes de madera llenas de monedas de oro, con gran rapidez lleno las bolsas de su pantalón, de su camisa y hasta en los zapatos puso monedas del tesoro encontrado.
Con la misma rapidez con la que lleno sus bolsas, intento salir de aquella caverna, pero el peso del metal que llevaba encima era mucho y además no podría salir porque con tantas monedas en sus ropas están lo hacían mucho más gordo y rollizo y no cabría por el boquete que el mismo barreno con sus manos y machete.
De pronto, en la oscuridad de la noche, se escuchó una voz cavernosa y sórdida que decía:
¡Deja eso ahí!
Nemesio no tuvo más remedio que hacer frente al dueño de esa voz sepulcral, pero en la oscuridad nada se distinguía a simple vista y dentro de la cavidad solo se sentía un viento frio que traspasaba la piel y hacían vibrar los huesos.
¡Deja eso ahí; que no es tuyo!
Don Neme no tuvo más opción que obedecer y vaciar sus bolsillos y zapatos llenos de monedas de oro, pero el ser de la voz lúgubre tuvo un dejo de buena voluntad y dijo con voz gutural.
…Voy a ser benevolente contigo, pero tiene que llevarte todo o nada…
Don Nemesio vio de reojo las dos enormes barricas de madera de cedro desflemado y mentalmente cuantifico, califico y saco la conclusión que no podría llevarse todo, así que con la cabeza gacha y el corazón sumiso se dispuso a abandonar aquella caverna sombría y tétrica, Nemesio olfateo un fétido olor de azufre quemado que invadió el ambiente y sin voltear a ver al dueño de la voz macabra salió corriendo de aquella mina.
A nuestros días, aun podemos encontrar vestigios de aquel hoyanco hecho por Don Nemesio, actualmente ya se encuentra cubierta por las aguas del arroyo pero haciendo una inmersión y conteniendo la respiración podemos llegar a ella, muchos de nosotros hemos estado en el lugar y según cuentan personas que pasan por el lugar, se escucha entre las copas de los arboles una voz estruendosa que dice entre carcajadas de terror ¡Todo o nada!
LA MUJER DE PIEDRA
Ixcalpan (Lugar de las Piedras Blancas o Calizas) fue paso de viajeros en la época colonial, viajeros que llegaban de España buscando la fortuna descrita por Hernán Cortes en sus cartas a los Reyes de España. También fue paso de grandes recuas de animales, que guiados por expertos arrieros, atravesaban el territorio de la Nueva España con los cargamentos de seda y especies que la Nao de China desembarcaba en Acapulco y que tenían destino de llegar a Europa a través del puerto de Veracruz.
Ixcalpan, era un paso obligado, además de servir de remudadero de animales de carga, servía para que los viajeros contaran historias y de esa manera conocieran que sucedían en otras tierras.
Hombres y mujeres pasaban por este lugar que actualmente se conoce como Rinconada, aún existen casas que son testigos mudos de esa época y que servían de hoteles de paso a los viajeros de la época colonial.
Muchas familias de España, se aventuraban a viajar a la Nueva España, familias completas que, además. Invitaban a sus familiares mas cercanos o vecinos a la aventura en las tierras recién descubiertas, no era un secreto que mujeres y hombres con espíritu aventurero pasaran por lo que ahora es Rinconada, por eso, ahora que encuentran un cuerpo de mujer, completamente desnuda y a horcajadas de un hombre surgiera una leyenda popular trasmitida de manera oral a través de los tiempos y que dice que la mujer de piedra era una señora la alta sociedad española de la época y que viajaba con su familia y un compadre en una diligencia del puerto de Veracruz a la ciudad de México, todos ellos procedían de la provincia de Badajoz, España y al llegar a estas tierras bañadas por el sol canicular, quisieron refrescarse en las cristalinas aguas de lo que ahora es el Arroyo Seco, cuenta la tradición popular que la señora y su compadre tenían amoríos, o como decía la Tía Ciri “¡era su cuachantle!”, la señora y su compadre se perdieron el espesura de la vegetación y llegaron al cauce del que ahora conocemos como el Arroyo Seco en donde saciaron su calor corporal. Ambos, la señora y su compadre retozaron, jugaron y se refrescaron en las cristalinas aguas y de pronto al compadre le dio un calambre en la profundidad de la poza y se sumergió en las claras aguas, la comadrita gritaba angustiada pidiendo ayuda pero solo la exuberante vegetación escuchaba sus lamentos, ella no sabía nadar, así que solo pudo esperar a que la corriente del arroyo acercara el cuerpo de su compañero de viaje a la orilla de la poza y procedió a darle respiración boca a boca a la orilla del cantil, es por eso su posición sobre el cuerpo del hombre y en actitud de sufrimiento, ansiedad y amargura, fue en ese preciso instante que un alud de piedras sepulto a los viajeros, la voz popular no se cansa de señalar que lo que sucedió fue un castigo divino y que la mujer y el hombre quedaron petrificados para que sirvieran de escarmiento entre la población criolla y mestiza de la región.
Aun en estos tiempos se escucha en los atardeceres y noches del Arroyo Seco, los gritos desgarradores de la señora española que murió sepultada, petrificada y encantada en Ixcalpan. Lo que es actualmente Rinconada Veracruz.


LA LLORONA DE LA ESTACIÓN DEL TREN.
Era la hora de pasar al centro del patio habilitado como pista de baile, era el momento de pasar a bailar con la quinceañera, la familia de Mayeya era muy numerosa; eran descendientes de los fundadores de Rinconada y por lo tanto muy apreciados en el pueblo y harto conocidos en la región, eso hacía que muchos compadres estuvieran esperando el instante en que la Danzonera “La Playa” de don Germán Varela tocara “Dios nunca muere” tradicional vals que se entonaba en las fiestas de las chiquillas que dejaban la niñez para afrontar la edad de las ilusiones. Ya era tarde, entre la misa, la entrega de regalos, las salutaciones y el convite a base de barbacoa preparada por don Salomón Rivera y el mole hecho por doña “Pupa” y tía “Aurora” habían retrasado, a propósito, como era costumbre familiar se zapateaba justo abajo del follaje del árbol de almendro que fue testigo de esa y muchas más celebraciones hasta que “Karl” lo dejo maltrecho y “Kunfu” lo derribo totalmente; ahora su tronco sirve para delimitar el jardín del frente.
Los compadres, padrinos, invitados, pretendientes y colados a la fiesta se frotaban las manos por pasar a bailar con “La Flaca” que se paseaba nerviosa por el patio con la “agüela” levantándole la larga cola de tul color lila y cuidando que los gitanos, ya borrachos, le pisaran los olanes o le quitaran el sombrero de tela y ala ancha, el vestido era celosamente cuidado pues fue un regalo especial del tío Pepe de México.
Después de repetir la música infinita y recibir como siete pisotones de los bailarines que dejaron la vergüenza en las botellas de brandy “Presidente”, que era el preferido del padre de la festejada y por lo tanto había muchas “caniquita”, como dice “El Paji” de Xotla, a estas alturas del agasajo la quinceañera ya pedía tiempo fuera, estaba arrepentida de haber aceptado bailar casi al final de la fiesta; miraba hacia todos lados buscando a la agüela que la salvara del trance de bailar con don Tebaney, pero la anciana nana estaba a las grandes platicas con Pupa, Aurora y Vicky la de Córdoba, cuidando de que no hubiera fugas en las cazuelas moleras y en los tambos de barbacoa mientras aprovechaban para echarse entre pecho y espalda un "pilihuije" con una “Negra Modelo” haciendo honor al viejo y conocido refrán: “un ojo al gato y otro al garabato”
Afortunadamente los músicos de la Danzonera ya no tenían aliento y además al encargado de tocar los timbales le dieron ganas de “hacer de las aguas” por lo que don Germán dibujo con su mano, en el aire, una llave de sol con un corchete mayor al lo que indicaba a sus músicos que ya le pararan o se inundaban con la “pipi” del tamborero. La gente aplaudió a rabiar, mas por agradecimiento a los músicos, que para esas horas ya estaban bien fumigados, que para la quinceañera que salió corriendo a sobarse el dedo meñique del pie izquierdo que su padrino “Casco” le había dejado inservible a causa de un pisotón.
La fiesta no se detuvo ahí, ahora le tocaba cantar a “Peque” la canción de siempre: “Quinceañera” y ya envalentonados; armados de entusiasmo, pasaron al micrófono “Jalador” y don Agustín “el guantero” que recibieron más rechiflas que Peña Nieto.
Así transcurrió el festejo, ya sin la quinceañera que se quedo dormida viendo “Siempre en Domingo” en la tele blanco y negro, pero eso no “impoliva” decía el “Tío Guty” “…hay que chupar…”
Para no hacer más largo este relato, los invitados aguantaron hasta pasada la media noche. Para esta hora ya músicos y bailarines no entonaban ni el himno nacional, las cheves y el presi habían causado estragos, algunos dormitaban y otros escuchaban los chistes de Manuel “Moco” que estaba rodeado de todos sus cuates, primos y conocidos del “Barrio Chino”: el Kapi, el Cholo, Make, el Zurdo, el Revolín, el Loco, Panchote, Mario chaparro y el Piña le celebraban todas sus historias, aventuras y anécdotas.
Nadie supo como sucedió, pero todos los invitados escucharon un grito aterrador que venia de los tanques del chapopote de la estación de tren: ¡Haaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyy miiiiiiiiiiiiissssssss hijoooooooooooooooooooooooooooooooooooooos!, alarido que se repitió tres veces, el primero casi frente a la vivienda de la festejada, el segundo se escucho por la cisterna del agua y el tercero solo se oyó el murmullo perdiéndose en la lejanía de la vía del ferrocarril.
Los adormilados despertaron, los músicos callaron, los borrachos pidieron otra y los compadres buscaron a las comadres; por si las recochinas dudas que alguna no estuviera ya en la fiesta pero en lo que todos estuvieron de acuerdo fue en salir lo mas pronto posible de la casa de Mayeya, que para esas horas ya estaba en su quinto sueño y solo en ocasiones gritaba ¡Aaaaaaaabrón padrinooooo; ya me dio otro pisotón! Al tiempo que levantaba el pie izquierdo y entre sueños se sobaba el dedo meñique.








EL CINE DE LOS HÚNGAROS
Los más jóvenes juraban haber visto las lucecitas de bengala que chisporroteaban sobre la vía del ferrocarril Interoceánico al chocar los cascos de cientos de caballos con el riel y las piedras de grava volcánica triturada que servía de balastro a lo largo de la senda del ferrocarril, Manuel “Moco” Rodríguez juraba haber visto una nube de polvo que se formaba a lo largo del camino de la vía.
Como olvidar aquellos días, los húngaros llegaban al pueblo y se instalaban en la explanada que había frente a la estación del ferrocarril, ahí tendían sus cuerdas y sogas bien tirantes y sobre ellas ataban enormes lienzos de manta que formaban la pantalla, trapos multicolores colocados a los cuatro lados del terreno para evitar los mirones gratuitos mismos que por tanto quitar y poner dejaban pasar parte de la luz que producían decenas de focos de luz amarillenta y que eran colocados a lo largo del carro que servía de casa, bodega, taquilla y “mobili”
Corría el año de 1975 y Sasha Montenegro causaba furor con su película “Bellas de Noche” en la cual también actuaban Jorge Rivero, Carmen Salinas, la Sonora Santanera y muchos mas, todos los caballeros de la época soñaban con las curvas de Sasha, las noches en esa época eran cortas y todos los jóvenes deseábamos que en nuestros sueños juveniles apareciera “Chacha de Montenegro”, así la anunciaba Tebaney cuando daba publicidad a la película con su micrófono de carbono y diafragma tan grande como una mina bélica de la primera guerra mundial. Don Tebaney se desgañitaba anunciando la película esperada por todos los chavos de esa época, bastante dinero había pagado por el alquiler de la película que empacada en 24 latas circulares de medio metro de diámetro y agrupadas estratégicamente con un cincho metálico daban la impresión de ser una lata de los tamales que se vendían en los puestos callejeros de la carretera nacional a los viajeros hambrientos que se aventuraban a comerlos en las madrugadas de resaca tipo cosaco ruso.
Desde su llegada al pueblo los paileros, húngaros, paisanos o gitanos cambiaban el ambiente, las mujeres se vestían con trajes de muchos colores, todas ellas guapas y con un aire de misticismo, algunas se sentaban frente a su tienda y ofrecían leer la mano y a cambio de algunas monedas descifrar el porvenir escondido entre los callos de la palma de las manos de campesinos jornaleros o amas de casa prófugas del fogón, que colmado con una montón de masa para las tortillas garnacheras, la fortuna dicha por las gitanas siempre iba de acuerdo a la paga, entre más dinero dabas a la gitana mejor era tu futuro y al contrario, si tu pago era ínfimo el futuro no llegaba ni al día siguiente.
La función de cine daba inicio justo a las 8 de la noche, por las bocinas de trompeta color azul que tenían un pitorete al centro y que hacia un ruido agudo y ensordecedor: “…la última melodía y damos inicio a nuestra función de esta noche, acérquese, vaya apartando sus localidades, esta nocheeee, Chacha de Montenegro apta para toda la familia, venga y diviértase…”
La gente iba llegando poco a poco, los mas cargando su silla para disfrutar cómodamente de la película desde el mejor ángulo que ofreciera el terreno baldío y abandonado de la estación del ferrocarril sembrado anónimamente de toda clase de hierbas silvestres como pegapega, mozote, artamis, cadillos y yerba dulce.
Los más se pasaban las casi dos horas de proyección de pie echando relajo tirando piedritas a los que realmente querían ver la película o silbándole a las chavitas que osaban ir al cine solas en busca del príncipe azul que solo aparecía en las películas enlatadas de la época.
Así trascurría la función de cine de los gitanos encabezados por Don Jorge Méndez Luna al que todos conocemos por “Tebaney” y sus hijos “Estelí”, “Machella”, los cuates: “Trifule” y "Todore" y el “Pincho”, todos ellos nos trajeron el cine por primera vez a nuestro pueblo.
Pero esa noche calurosa del mes de mayo del setenta y cinco fue diferente. Al inicio del rollo 14 de la película “Las Ficheras” se escuchó un sonido atronador, estridente, ruidoso y ensordecedor, retumbaba a lo largo de las viejas paredes de piedra negra de la estación del ferrocarril y seguía a lo largo de la vía perdiéndose en un eco lejano y sonoro, los viejos que estaban en la función se imaginaron los viejos cuentos bíblicos de Sodoma y Gomorra en su aniquilación, los no tan viejos pensaron que era el nuevo tren de pasajeros propulsado por enormes maquinas de diesel y que estaban usándose por primera vez en nuestro país, los mas jóvenes pensaron y se imaginaron que eran los ruidos propios de la película generados como efecto especial para dar mas realismos a las escenas en las que “Chacha de Montenegro” salía sin ropa.
El ruido apocalíptico no cesaba y cada vez se acercaba más al patio de la estación, fue entonces que Román Ronzón el albañil del Barrio Chino, que dormitaba su borrachera en uno de los bloques de piedra de la estación grito: – ¡son un chingo y un putamadral de caballooooooooooooooooos desbocadossssss! –, la gente no espero mas, el primer impulso fue tomar a los chiquillos que andaban comprando churros, palomitas y cacahuates a Bony y salir huyendo del lugar, antes de que las hordas de caballos aniquilaran con sus pezuñas plateadas por la luz de la luna los cuerpos débiles de infantes inocentes. Todos huyeron, los viejos alcanzaron a llegar a la casa de tía Cirina, que estaba justo enfrente del cine ambulante, ella los recibió con su cálido, amistoso y vernáculo lenguaje de Rinconada –¡que chingaos les pasa, no se metan a la casa que “Turo” está dormido y si lo despiertan se va a encabronar conmigo, largo de aquí cabrones alborotados! – nadie le pudo contestar, preferían tomar aire y dejar de jadear para mitigar el susto que tenían sobre ellos que contestarle a Tía Ciri su letanía de improperios y ludibrios.
Los no tan viejos llegaron hasta la carretera y se refugiaron en la casa de Tío Tacho en donde todo era confusión de ver el madral de gente corriendo a esconderse en el portal de su casa y en donde Carmelocha se desgañitaba gritando: –¡Busquen a “Panchote” que de seguro anda con “Revolín” bien pedo y montados en la yegua haciendo su pinche desmadre! – pero nadie se movió a buscarlos, ahí se quedaron orando y pidiendo que la manada de caballos no tomara el atajo que llevaba a la casa de doña Romana y llegaran a toparse a la panadería de “Netusa” y se comieran las camelias, ojos de pancha, canillas, teleras, virotes, resobados y pambazos que habían sobrado de la venta diaria.
Los más jóvenes miraban con alegría y algarabía las escenas de pánico, espanto y terror montados sobre las ramas de los arboles de almendro, frutillo y mulato que abundaban en el lugar y a las que pudieron llegar fácil y ágilmente para refugiarse, por las dudas, de los caballos diabólicos.
Pasaron los minutos, largos, extenuantes y temibles, todos aterrados querían y a la vez no querían ver los caballos desbocados llegar al patio donde don Tebaney y sus hijos quitaban apuradamente sus trapos multicolores llenos de hoyos y la pantalla gigante de tela de lonas de harina cosida a mano.
Las pisadas de los caballos se fueron perdiendo con la oscuridad de la noche, así como llegaron los retumbos de las pisadas así se perdieron estrepitosamente en la penumbra de la estación.
Todos los aficionados al séptimo arte caminaron a sus casas, con los comentarios propios de un pueblo que hace su vida diaria en el embuste cotidiano, pero nadie tenía una respuesta concreta a lo que habían escuchado esa noche, nadie se explicaba que fue lo que ocasiono esa resonancia estrepitosa y aun a nuestros días, los que vivimos esa experiencia no sabemos que sucedió esa noche en el cine ambulante de los húngaros.
En el cine de los gitanos solo se quedaron Don Jorge Méndez Luna y sus hijos felices y contentos, nadie se había regresado a pedir el regreso de su entrada, planeando traer la película de “Titanic” esa sí que haría mucho más ruido y más ganancias en una noche como la de ese día del mes de mayo.


viernes, 11 de octubre de 2013

¡… Como dijo:…!


Escribiendo una entrada anterior se me ocurrió contar anécdotas o dichos del pueblo de Rinconada, o de comunidades vecinas, en esta región de la geografía veracruzana, abundan habitantes que se por utilizar algunas palabras o crear una frase se convierten en una referencia lingüística en cuanto ocurre algún suceso o se presenta una situación que amerite el famoso: 

¡Como dijo:…!

Esto nos ha hecho crear esta post esperando que al leerlo recuerden a todas esas personas que nos han dejado un dicho, sentencia, proverbio o refrán que nos ayuda y nos ejemplifica en las conversaciones diarias entre hablantes y oyentes.

Hay tantas personas creativas en estas tierras jarochas que esperamos no olvidar a algunos que con su picardía y agilidad mental nos saca de apuros en una conversación o nos sirve para ampliar aun mas la charla y hacerla mas amena.

Si usted se sabe un ¡Como dijo! envíenos su comentario y nosotros se lo publicamos

Vamos pues a hacer un repaso de los ¡… Como dijo:…! Que hemos escuchado y guardado en nuestra memoria hasta la fecha: